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El hombre de hoy atraviesa por una crisis de humanismo, por una crisis de conciencia de compromiso social, propiciada por los vertiginosos cambios tanto a nivel acontecimental como coyuntural y estructural. En el plano educativo y cultural los procesos van configurando un modelo de hombre y de sociedad que, de una parte, pretenden ser el resultado de paradigmas anquilosados, que originan de desdibujados perfiles profesionales carentes de liderazgo social y, de otra parte, del apremiante llamado que hace la sociedad del conocimiento que, con sentido prospectivo exige un salto cualitativo proporcional al que ha dado la ciencia y la tecnología. De la misma manera, las denominadas políticas de globalización que se viven en el presente siglo son una muy buena oportunidad para poner en evidencia los retos de la educación colombiana en la construcción de una sociedad que sea escenario de una cultura de paz y no violencia, progreso y justicia social y la educación tiene dentro de este escenario una misión de decisiva importancia. Por eso es de suma trascendencia continuar con el enriquecimiento de los perfiles del docente universitario, que es a su vez formador de formadores. El docente como pedagogo inmerso en el proceso del conocimiento ha de compartir, como un guía, con sus compañeros de viaje, lo mejor de su profesionalismo: tiene que mejorar la reflexión permanente sobre su práctica educativa, la habilidad en el conocimiento y recurso a la didáctica, la metodología y el método, el currículo, los contenidos, la epistemología de las ciencias a su cargo. Su labor central está ligada con la universidad por su vinculación, pero su compromiso está con sus estudiantes, y de manera indirecta, con la niñez, la juventud y la comunidad en general que se va a beneficiar del trabajo que pudo proyectar. Aquí hay un gran desafío que cumplir, rompiendo esquemas y generando nuevas formas de trabajo y acción, combatiendo la rutina, el tradicionalismo y su dosis de prepotencia y autoritarismo. Frente a esta tarea, la Facultad de Educación de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos esta comprometida para reflexionar y proporcionar bases conceptuales que unifican contextos y lenguajes, para enseguida proponer los elementos teóricos relativos a la Educación Superior, y que proporcionan la reflexión actual y aporta los criterios para elaborar los perfiles tanto del docente universitario de los programas adscritos a la facultad, como de sus estudiantes, quienes a su vez asumirán la formación de nuestra niñez y de nuestras juventudes. Decano
EL PERFIL DEL ESTUDIANTE DE LA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACION El estudiante de la Facultad de Ciencias de la Educación tendrá los siguientes perfiles: PERFIL FORMATIVO: La facultad ve a su estudiante como una persona con formación suficiente y adecuada desde el punto de vista pedagógico, social y cristiano, con capacidad de ejercer funciones de dirección, programación, orientación, investigación y docencia en las áreas de la ética y de la educación religiosa, en cualquiera de las modalidades de la educación formal y no formal. El profesional egresado de la facultad tiene un radio de acción bastante amplio, lo cual implica un serio compromiso en su formación personal, que lo lleva a proyectarse en el campo humanístico, dentro del conglomerado social y como un hombre cristiano convencido de su misión y de su fe. Así mismo se concibe como un ciudadano integral que busca rescatar los valores culturales y morales como un aporte efectivo a la situación del país. PERFIL PROFESIONAL: El educador formado en el seno de la facultad adquiere una personalidad que lo identifica con su profesión, es decir se forma para ser congruente entre su pensar, su decir y su actuar, con actitudes y aptitudes que le permiten desarrollar un papel relevante en la función social y política de las instituciones educativas, lo que conlleva a educar hombres comprometidos con la sociedad. De tal manera el educador egresado de la facultad adquiere una formación humanística, social, pedagógica y técnica que le permita desempeñarse con idoneidad, fortaleciendo el espíritu investigativo que lo mantiene atento a los cambios que vive la sociedad. El profesional en la educación debe ser un autentico conocedor de los distintos procesos que constituyen la conducta humana, lo cual le permite ayudar en el cambio de otros respetando su singularidad y sus decisiones, lo que a la vez le permite ser dinamizador de procesos de grupo, capaz de intervenir activa y éticamente como agente de transformación y cambio de la comunidad de la cual hace parte. PERFIL OCUPACIONAL: El egresado se puede desempeñar en instituciones educativas de educación formal y no formal, además puede proyectarse como asesor de proyectos pedagógicos, líder comunitario, docente de ética y educador religioso. Dentro de la amplia gama de posibilidades que le brinda su profesión se puede desplegar hacia la investigación comunitaria en la solución de problemas de educación, cultura y sociedad, y por ende convertirse en orientador de los procesos de formación integral de la juventud y la niñez. |
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