


Con conocimiento especializado, experiencia profesional y compromiso con la sociedad, ingenieros civiles docentes de la Fundación Universitaria Juan de Castellanos viajaron voluntariamente a Cali para contribuir a la evaluación de edificaciones tras el sismo de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto en Colombia.
Hay momentos en los que el conocimiento trasciende las aulas y se convierte en acción. Así ocurrió con un grupo de ingenieros estructurales de la Juan de Castellanos, quienes se desplazaron hasta Cali para aportar a las labores de inspección y evaluación de estructuras afectadas por el movimiento sísmico.
En territorio, los profesionales realizaron recorridos e inspecciones técnicas para identificar posibles afectaciones y aportar información relevante sobre las condiciones de las edificaciones. Una labor que exige preparación, criterio profesional y un alto sentido de responsabilidad, pues cada evaluación contribuye a orientar decisiones relacionadas con la seguridad y habitabilidad de los espacios.
Su participación representa el compromiso de la Juan de Castellanos con una ingeniería conectada con las necesidades reales del país y con profesionales capaces de poner su conocimiento al servicio de las comunidades en momentos que requieren solidaridad y experiencia.
Más allá de evaluar estructuras, esta misión permitió demostrar que la ingeniería también tiene un profundo sentido social. Detrás de cada edificación hay familias, comunidades y proyectos de vida que necesitan respuestas responsables y técnicamente fundamentadas.
Un reconocimiento al compromiso de los ingenieros boyacenses
El compromiso de los profesionales que viajaron voluntariamente a Cali también fue reconocido por la Alcaldía de Tunja, que otorgó un reconocimiento al servicio y compromiso de los ingenieros boyacenses que apoyaron las labores de evaluación y respuesta tras el sismo.
Entre los profesionales reconocidos se encuentran ingenieros docentes de la Juan de Castellanos, quienes asumieron esta misión desde la solidaridad, la responsabilidad profesional y la voluntad de aportar a la recuperación de los territorios afectados.
Este reconocimiento destaca una labor que trasciende lo técnico y pone en evidencia el verdadero sentido de una profesión cuando el conocimiento se convierte en servicio.
Porque la ingeniería no solo transforma estructuras: también puede contribuir a proteger, recuperar y acompañar a las comunidades cuando más lo necesitan.


