
El pasado 28 de abril, el COEM (Centro de Orientación y Escucha Móvil) lideró la jornada “El amor bajo sospecha: rostros ocultos de la violencia en el noviazgo” en la sede Crisanto Luque, dirigida a estudiantes de cuarto semestre del programa de Trabajo Social. La actividad hizo parte de un proyecto de práctica y tuvo como propósito generar conciencia sobre las relaciones afectivas, las señales tempranas de riesgo y la importancia de pedir ayuda a tiempo.
El encuentro se desarrolló mediante una metodología participativa, cercana y reflexiva, que permitió abrir un espacio de diálogo en torno a las distintas formas en que la violencia puede manifestarse dentro del noviazgo, muchas veces de manera silenciosa. Durante la jornada se abordaron tres ejes principales: señales de alerta, emociones y autocuidado, y redes de apoyo.
A través de estas temáticas, los estudiantes analizaron diversas situaciones que pueden presentarse en una relación de pareja, reconociendo que la violencia no siempre inicia con agresiones físicas, sino que puede evidenciarse en conductas como los celos, el control, el chantaje, la revisión constante del celular, el aislamiento o la prohibición de mantener amistades.
Una de las actividades centrales fue el ejercicio del “semáforo”, en el cual los participantes clasificaron diferentes comportamientos en tres niveles: el color verde representó relaciones sanas basadas en el respeto, la confianza y la comunicación; el amarillo, señales de alerta como celos y control; y el rojo, situaciones de riesgo como insultos, amenazas, empujones o presión sexual. Este ejercicio permitió identificar cómo algunas conductas normalizadas pueden escalar hacia formas de violencia.
Asimismo, se desarrolló la actividad “Así se siente”, en la que los estudiantes reconocieron emociones asociadas a la violencia en el noviazgo, como miedo, culpa, ansiedad, tristeza, enojo e inseguridad. También reflexionaron sobre cómo estas emociones pueden manifestarse físicamente, a través de tensión, cansancio, dolor o presión en el pecho.
Como cierre, se elaboró un mapa de redes de apoyo, donde cada estudiante identificó personas cercanas, docentes, servicios de bienestar universitario, instituciones y líneas de atención a las que podría acudir en caso de necesitar orientación o acompañamiento. Este ejercicio reforzó la importancia de no enfrentar estas situaciones en soledad y de activar redes que brinden apoyo oportuno.
El impacto de la jornada se evidenció en la reflexión generada entre los participantes, quienes pudieron repensar sus relaciones desde el respeto y la comunicación sana. Además, se destacó la idea de que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino una acción fundamental para proteger el bienestar emocional y la seguridad personal.
La actividad dejó como mensaje central la necesidad de reconocer señales tempranas de riesgo, fortalecer el autocuidado emocional y promover relaciones basadas en el respeto, la confianza y la empatía.
